He cegado mi presencia,
me he perdido en el ácido,
y soy consecuente de mi victoria
al entorno del fracaso.
He paseado por las discos de Berlín,
y las sirenas del Kater bailan,
se pierden encaprichadas
de delfines que surcan el Spree.
He entonado mi voz hacia la imperfección,
me he involucrado a no desafinar,
aunque veo todo en tu helada expresión,
quizá en el silencio esté la consecuencia del error.
He vuelto a entrar a la terraza del Kater,
y en la inmensidad te he vuelto a encontrar,
aún mis pupilas no dilatadas,
observan el recorrido de la anormalidad.
He cegado mi romanticismo,
quizá hoy no exista el amor,
quizá este día en el calendario,
no me recuerde a nada.
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