Realmente ya no la conozco. Es una sombra perpetua a mi alrededor. Habita en mi casa, y no habla. No recuerda. No sabe si mañana será mejor o peor. El día que perdió la razón yo jugaba con mi patinete, y vi a mi madre llorando sabiendo que había perdido una persona muy importante, pero nunca derrotada sigue y se levanta soñando que va a decir su nombre. Pero nunca llega ese día... Maldito Alzheimer.
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