LOS BESOS
QUE NUNCA TE DI.
Habían
pasado trece años desde nuestra última actuación. Nos vimos en el Star Club
Bar, en la calle Manuela Malasaña, estabas tomando una cerveza, y yo bebía un
Gintonic. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Recuerdo con claridad los
besos apagados de un adiós premeditado, un final para mí y un principio para
ti, algo alocado tras un final conflictivo, en el que nos deseamos primero lo
mejor, y luego mis celos hicieron que te deseara que te fuera mal la vida.
Bebiste la
cerveza y mi gintonic ya estaba debajo de mi garganta. Me tocaste la cara, como
una caricia suave, tan suave que me hipnotizó durante varios segundos. Me
contaste que seguías actuando y que te coronaste en el Price, aquella noche del
año dos mil. Como un idiota me interesé por ti, me dijiste que querías bailar
como Isadora Duncan, pero que tus piernas no eran como las suyas. Por lo menos
intentabas llegar a algo, cosa que yo cada vez estaba más pendiente de mis
proyectos cortos, y no me daba tiempo a planificar un poco mejor mi vida.
Nos bebimos
la segunda y la tercera ronda, y tu ibas un poco suelta con ese vestido de
tirantes rojos que éstos caían por los hombros
mientras reíamos de nuestras actuaciones pasadas, que acababan en noches
frenéticas con la mitad del reparto acabando borrachos por las calles de
Madrid.
Salimos del
Star Club, bien borrachos. Hicimos la última escena, y al final cambiaste el
guion y finalizaste con la frase que te dije cuando me despedí de ti.
“No seas tan
masculino, y dame los besos que nunca me diste”
La besé y me
fui corriendo, no quería mirar atrás. Nunca. Me fui corriendo evitando
cualquier contacto con ella.
FIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario